Hijos del abismo

Estoy de nuevo en mi barrio, en Barcelona, me he sentado en un banco en el que acostumbro a hacerlo antes de irme a casa, no tengo sueño y el tiempo en la calle es agradable y escribo esto, como casi todo lo que escribo, desde el block de notas de mi teléfono. En el banco de al lado está un chico pakistaní, Ashad, de unos 40 ó 45 años que conozco del barrio. Es alcohólico , bebe cartones de vino blanco, vive en la calle y siempre está por el barrio.  A veces me lo encuentro  en el comedor social al que voy a desayunar, nunca dentro, siempre en el banco de la puerta. Hace años, un día que iba sobrio, estuve hablando con él, estuvimos practicando nuestro inglés y me comentó que había estado un tiempo viviendo en EE.UU. concretamente en Florida, en la ciudad de Miami. Sólo he podido hablar con él aquel día, el resto de veces que me lo encuentro va tan borracho que es incapaz de articular palabra. Siempre me pide tabaco o unas monedas y siempre le doy algo de tabaco y le digo que no tengo dinero. Es común verlo a la salida del metro donde estamos ahora. Casualmente ha pasado también Juan por aquí. Juan es otro alcohólico célebre del barrio de Horta, si alguna vez venís por aquí y veis a un hombre en sus 60, completamente borracho, con una cerveza en la mano, la camisa desabrochada y gritando exabruptos, ese es Juan. Supongo que en cada barrio hay borrachos conocidísimos por todos y que han pasado a formar parte del paisaje urbano. Tenía un tío que era uno de esos alcohólicos, un tío muy querido por mí. Mi tío vivía con mi abuela y durante un tiempo, desde los 18 hasta los 21 ó 22 yo viví con ellos en Horta. Mi tío no podía ni probar el alcohol porque con una cerveza ya se emborrachaba y solía tomar muchas, siempre iba borracho y para que os hagáis una idea: en la época en que no había teléfonos móviles mi abuela tenía los números de teléfono de todos los bares del barrio para localizar a mi tío. Mi tío también era uno de esos inadaptados, borrachos de barrio que a duras penas podía mantenerse en pie durante el día. Vivimos rodeados de tragedias como éstas, personas enfermas que hace tiempo tiraron ya la toalla y que deambulan sin rumbo por nuestras calles, personas que también han sido niños o niñas en algún momento y que por las circunstancias que sean han caído en el alcoholismo, la drogadicción, enfermedades mentales… En definitiva que se asoman a diario al abismo.

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