Cartas a una tuitera

Él se sentía sólo y desdichado. A Ella a veces le sobraba gente y le faltaba compañía. Él se sabía carne de cañón. Ella se consideraba una chica del montón. Ambos cruzaron sus vidas una tarde en Twitter e intercambiando impresiones se fueron conociendo.
El temía a las mujeres y a todo lo relativo al amor y no sabía por qué aguas navegaba. Ella temía a los hombres plomizos y a los ofendidos que merodeaban su perfil como si de tiburones se tratase. Él no tenía apenas seguidores ni entendía muy bien cómo funcionaba aquello de Twitter, había tenido distintas cuentas a lo largo de los años pero nunca le había encontrado la gracia. Ella había dedicado muchas horas a aquello, había llegado incluso a ser famosa, a tener un buen número de seguidores, a ser casi una tuitstar.
Él encontró en ella una mente bonita. Ella encontró en él un curioso espécimen. Él supo enseguida que trataba con un alma herida. Ella notó de inmediato que lidiaba con un ser dolido.
Un día intercambiaron direcciones de correo electrónico y Él empezó a escribirle. Él quería una musa a quien poder dedicar cartas, poemas y escritos, alguien que mereciese sus letras. Ella sintió una mezcla de curiosidad y desconfianza, sus experiencias anteriores con los hombres en Twitter habían sido en muchos casos negativas. Ella no quería un amante, ni alguien que la cortejara, ella en realidad no quería nada.
Una vez obtuvo su dirección, Él no tenía que hacer nada, sólo escribir, lo cual teniendo a una mujer inteligente como destinataria le nacía sin más. Escribió algún poema y alguna carta de amor y algún relato. Ella sintió algo que no debía al ser tratada como merecía, una mezcla de miedo y vergüenza por alegrarse al recibir muestras de aprecio de un desconocido. Ella no necesitaba más problemas, ella no quería tener una aventura, ella sólo se equivocó al dar su dirección en uno de esos días en que podía con todo, en uno de esos días en que salía el Sol en su oscuro mundo interior. Le había alegrado que alguien reparara en su ingenio e inteligencia y que además fuera capaz de enlazar más de tres pensamientos sin un punto y aparte. Le había alegrado que alguien así pudiera sentirse interesado por su existencia sin buscar a cambio compañía, ni sexo, sino amistad. Porque ella se sentía, en ocasiones, cuando volvían los fantasmas del pasado, insignificante y carente de todo brillo. Porque ni ella se comprendía a sí misma, ¿cómo iba un desconocido a quererla como amiga? ¿cómo iba alguien osar acercarse a un escorpión como ella? ¿cómo iba a permitir que alguien le recordara sus bondades y su atractivo cuando Ella sólo quería paz, sólo quería hacerse una madeja, meterse en una cobija y dejar que pasara la tormenta, tormenta que nunca pasaba porque estaba en su interior? Su vida no era fácil y Ella no era fácil: caprichosa, impulsiva, autodestructiva y a veces antipática. ¿Quién coño se creía aquel sujeto que era para inmiscuirse en su flujo de pensamientos cuasisuicidas y describir en sus poemas, cartas y escritos a alguien que no era ella? ¿Por qué quería aquel imbécil reírse de ella? ¿Qué clase de broma macabra era aquello? Evidentemente era un error, como haber contactado con Él también lo había sido, como haber nacido en sí mismo lo era.
Ella decidió no contestarle e ignorarlo, no necesitaba a un loco escribiéndole mierdas sin sentido que no llevaban a ningún lugar.
Él sentía por aquella mujer una atracción especial y no podía evitar escribir, escribir era lo único que había sido una constante en su vida, ni siquiera escribía siempre, sólo en algunas ocasiones, pero si desde luego había algo que le forzaba a escribir era saber que una mujer bonita e inteligente lo leería. Él sabía bastante de mujeres y de su belleza, y sabía muy bien reconocer una mujer con carácter y poliédrica como era aquella. Él no perseguía más que compartir con ella experiencias y sentimientos, llevaba una vida desorganizada; apenas si se relacionaba con tres o cuatro amigos y cuanto más gente nueva conocía y más se relacionaba con gente, más solo se sentía. Escribirle a Ella era su tabla de salvación, su guarida, su casita encima del árbol, su descanso…
Ella había comenzado a ignorar sus escritos y cartas, pero a él no le importaba, él seguía escribiéndole para calmar su sufrimiento, para seguir respirando, para seguir en definitiva ¿Por qué no decirlo? Escribiendo.
Las cartas se amontonaban en la bandeja de entrada del correo de Ella, y Ella a veces las leía enfadada, a veces las ignoraba y las borraba, y otras veces las leía simplemente asombrada de despertar tal sentimiento en un tercero que no la conocía en absoluto. No obstante Ella había empezado a dedicar cada vez menos tiempo a Twitter para dedicarlo a otros menesteres y pese a que Él no dejó nunca de escribirle, aquí terminó su historia. No fue hasta que pasaron varios años que estando en una librería se dirigió a la caja, con un libro entre sus manos, y le dijo a la cajera:
– Me lo puede envolver para regalo por favor.
A lo que la cajera respondió:
– Por supuesto, ha hecho Ud. una excelente elección es un gran regalo ¿Sabe Ud. que ese libro está compuesto por un sinfín de cartas que el autor escribió a una desconocida?
– Lo sé – respondió ella- las guardo todas en la papelera de mi correo electrónico. ¡Ah! Y no es ningún regalo, el libro, es para mí, pero me gusta desenvolver los libros y por el mismo precio…
– No entiendo, a qué se refiere…
– ¿Qué es lo que no entiende?¿Lo del regalo o lo de las cartas?
– Lo de las cartas.
– ¡Ya! por eso me las envió a mí y no a Ud. porque la mayoría no entendíais a que se refería.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s